Japón entroniza al emperador Naruhito
La ceremonia de entronización del 126 emperador japonés, Naruhito, heredero de la casa real más antigua del mundo se desarrolló este martes al estilo más tradicional, llena de gestos solemnes y ante más de 2.000 invitados venidos de 174 países. “Prometo actuar de acuerdo con la Constitución y cumpliré mis responsabilidades como símbolo del Estado y de la unidad del pueblo japonés, teniendo siempre como meta la felicidad del pueblo y la paz del mundo”, aseguró el soberano, vestido con la túnica naranja oscura que se reserva para las ocasiones más formales. Pocos minutos más tarde, el primer ministro, Shinzo Abe, proclamaba con los brazos en alto tres veces “¡larga vida al emperador!”.
Todo se desarrolló con precisión milimétrica en una ceremonia que duró apenas media hora. En el salón Matsu-no-Ma del palacio imperial, reservado para los mayores fastos, aguardaban los miembros de la familia real. Vestidos con traje de gala los príncipes; las princesas, con kimono cortesano de varias capas. Inmóviles. Al frente, el trono imperial, el Takamikura, una estructura octogonal de una altura de seis metros y medio, rematada en oro y laca, cerrada por cortinajes púrpura y decorada con motivos de animales mitológicos. A su lado, el trono de la emperatriz Masako, el Michodai.

Los chambelanes abrieron las cortinas del trono, mostrando al emperador. Junto a él, dos de los tesoros imperiales, la joya y la espada, para certificar su legitimidad. También los sellos imperiales, con la misma función. “Tras haber accedido al trono imperial de acuerdo con la Constitución de Japón y la ley de medidas especiales sobre la Casa Imperial, proclamo ahora mi entronización a los que están en el país y en el extranjero”, anunció Naruhito en su discurso.
Tras la felicitación de Abe, una salva de 21 cañones saludó al nuevo emperador. En el exterior, grupos de gente se habían dado cita a las puertas del palacio para expresar sus enhorabuenas. Por todo Tokio, la ceremonia se mostraba en pantallas gigantes; algunos de los ciudadanos que la seguían imitaban al primer ministro a la hora de hacer una reverencia.

Naruhito, de 59 años, había sido proclamado emperador el 1 de mayo, el día después de que su padre, Akihito, abdicara tras tres décadas en el trono. Era la primera vez en un siglo y medio que ocurría algo así, y el gobierno japonés tuvo que aprobar una legislación especial para permitir que el jefe de Estado renunciara. Ni Akihito ni su esposa, Michiko, actuales emperadores eméritos, estuvieron presentes en la ceremonia de este martes.
